Estilo francés clásico Este estilo remite al mobiliario francés de los siglos XVII y XVIII, piezas pintadas y patinadas delicadamente, con mucha elegancia y un encanto especial. En aquellos siglos la corte gustaba de lo extravagante y exótico, por ejemplo la chinoiserie o imitación de motivos orientales, que todos los artesanos se esforzaron en imitar. También en las provincias se esforzaron por imitar los diseños elaborados por los artesanos de la capital. En algunos lugares, Normandía por ejemplo, se produjeron motivos como canastos con flores, parejas de palomas. En otros como Bretaña se utilizó mucho la marquetería y el brulage au fer (pirograbado). La zona de Provenza fue muy influida por los estilos Luis XV y XVI, y los motivos que predominaron fueron aquellos que reflejaban aspectos rurales: uvas, bellotas, haces de trigo, ramas de olivo, rosas y caracoles.
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Con el advenimiento de la Revolución, los diseños ornamentados del rococó fueron reemplazados por los motivos relacionados con los emblemas y proporciones clásicas. Así, el gusto se dirigió a las formas de Grecia y Roma antiguas, con el agregado de guirnaldas, antemios, flores y otros motivos. El estilo francés no es un estilo único porque dentro de él podemos encontrar diversos tratamientos de los detalles, variaciones en los estilos provincianos y en las épocas; sin embargo, todos ellos pueden ser considerados como estilo francés clásico. En la decoración de muebles y paredes podemos encontrar guardas con motivos de flores o haces de trigo, motivos florales, moños y querubines, flores de lis, follaje de olivos, parras y bellotas, antemios y otros motivos tomados de Grecia.
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El estilo rococó, palabra que deriva del vocablo francés "rocaille", que significa conchilla o caracol. Estas formas aparecen en la decoración de objetos, como también los arreglos florales que muchas veces remiten a motivos orientales.
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